Antes de una obra terminada existen bocetos, pruebas,
decisiones y horas de trabajo que el espectador probablemente nunca verá. En la
elaboración de un whisky ocurre algo similar: antes de llegar al vaso, cada
expresión atraviesa un proceso en el que la técnica, los materiales, el tiempo
y el conocimiento acumulado terminan definiendo el resultado.
Aunque un estudio de arte y una destilería pertenecen a
universos diferentes, comparten una idea: la maestría no está únicamente en el
resultado final, sino en conocer profundamente un oficio para saber qué
decisiones tomar durante el proceso.
Esta conversación cobra especial relevancia durante una
temporada en la que Bogotá reúne distintas expresiones del arte a través de
museos, galerías, ferias y encuentros culturales. En este contexto, The
Glenlivet se acerca al ecosistema artístico a través de espacios como Unfair,
ARTBO y distintas galerías de la ciudad, conectando el conocimiento detrás del
whisky con conceptos como creación, técnica y oficio.
Más de dos siglos construyendo conocimiento
La historia de The Glenlivet se remonta a 1824, cuando
George Smith obtuvo la licencia para producir whisky legalmente en el valle de
Livet, en Speyside, Escocia. Más de dos siglos después, parte de ese
conocimiento sigue presente en su proceso de elaboración.
Uno de sus elementos más reconocibles son los alambiques
de cobre con forma de linterna, inspirados en los utilizados por su fundador.
Su diseño no es únicamente visual: la altura y forma del alambique influyen en
el recorrido de los vapores durante la destilación y, con ello, en las
características del líquido.
Luego llega otra etapa fundamental: la maduración en
barrica. Su tipo, procedencia y el tiempo que el whisky permanece en contacto
con la madera pueden aportar diferentes aromas, sabores y texturas. Elegir y
combinar esas barricas implica conocimiento técnico, experiencia y criterio.
El paralelo con el arte surge precisamente allí. Para un
artista, entender cómo responde un pigmento, una superficie o una herramienta
puede transformar la forma de crear con ellos. Dominar un material no significa
repetir una fórmula, sino conocer sus posibilidades lo suficiente como para
experimentar.
La maestría como un recorrido
En Colombia, este recorrido se refleja en un portafolio
que reúne distintas expresiones de The Glenlivet, como Founder’s Reserve,
Caribbean Reserve, 12, 15 y 18 años. Cada una parte del conocimiento y la
experiencia acumulados por la marca, pero ofrece una interpretación distinta a
través de las decisiones que hacen parte de su elaboración y de la selección de
barricas. Así, el portafolio permite mostrar cómo la maestría también está en
conocer profundamente un oficio y, desde ese conocimiento, explorar diferentes
formas de expresarlo.
“La maestría implica conocimiento, curiosidad y tiempo.
Tanto en el arte como en la elaboración de whisky, cada decisión forma parte de
un proceso que no siempre es visible, pero que termina definiendo el
resultado”, afirmó Susana Rojas, gerente de marcas de Pernod Ricard Colombia.
En Colombia, la presencia de The Glenlivet en espacios
vinculados al arte y la cultura, como ARTBO y distintas galerías de la ciudad,
permite llevar esta conversación a escenarios donde el proceso creativo también
ocupa un lugar central. Más que afirmar que una obra de arte y un whisky son
equivalentes, el punto de encuentro está en aquello que sucede antes de que
ambos alcancen su forma final: práctica, técnica, conocimiento de los
materiales, experimentación y tiempo. Este acercamiento también se enmarca en
el compromiso de Pernod Ricard con el consumo responsable, reforzado a través
de iniciativas globales como Drink More Water, que pone la hidratación en el
centro de un mensaje de prevención frente al consumo excesivo de alcohol.


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