miércoles, 3 de mayo de 2017

PRODUCCIÓN COLOMBIANA EN REALIDAD VIRTUAL




Pensar en la Colombia de 1990 es pensar en la selección de fútbol volviendo a un mundial después de más de 20 años; es pensar en el punk de Rodrigo D, en los salones de maquinitas llenándose de nuevos videojuegos y en Guns N’ Roses invadiendo las emisoras colombianas con su descarga de rock. Pero también es pensar en el Cartel de Medellín en toda su gloria narcotraficante infundiendo miedo en la cotidianidad del país.
Esquirlas de 8 Bits, cortometraje de realidad virtual producido en Colombia y dirigido por Felipe Aguilar, abarca la memoria histórica de esta década en el país a través de las vivencias de tres jóvenes en una tarde de sábado en Bogotá, basadas en hechos que realmente sucedieron. El novedoso formato le brinda una experiencia única al espectador, pues a través de un visor de realidad virtual y unos audífonos, se convierte en el personaje protagonista, Carlos Villamizar, transitando y viviendo esa tarde sabatina a través de sus ojos y oídos.
La experiencia de viajar en el tiempo 27 años atrás se refuerza con las decisiones tomadas por el equipo y Aguilar en cuanto a la fotografía, el arte, la música y el guion. La nostalgia colectiva se activa a través de un collage de pautas publicitarias de la época, que se refuerza con el look de los personajes, la manera en que hablan utilizando la jerga de esa época, la elección de locaciones y la utilización de imágenes reales de archivo.
Todo el cortometraje cuenta con el aspecto visual de una grabación de VHS, incluidas fallas de tracking, que además de recordar la calidad fotográfica de la televisión de la época, hace una alegoría a la memoria humana, que cuando atraviesa un episodio traumático queda lacerada y con el tiempo se deteriora y falla, haciendo que los recuerdos pierdan resolución. El propio título, Esquirlas de 8 Bits, habla también de esta capacidad de almacenar información, ya que 8 Bits era la capacidad de las consolas de videojuegos y computadores de la época.


La intención de Aguilar, junto con su equipo de producción, fue mostrar la inocencia infantil que no lograba comprender lo que sucedía en ese momento histórico del país, pero cuya cotidianidad se veía igualmente afectada por la violencia reinante. Este objetivo se fortalece con la mezcla de escenas reales con animación, transmitiendo la sensación de que el protagonista vive la vida como si fuera un gran videojuego, algo normal para un niño de 11 años. Al igual que le sucedió a Carlos, el espectador sentirá un cambio de percepción del mundo por los eventos que se desarrollan en el corto, ayudados por un formato que además, altera la percepción de realidad.
Adicionalmente, Esquirlas de 8 Bits se complementa con el videojuego Caos, inspirado en un videojuego de 1986 en el que el objetivo era destruir ciudades. En Caos encontramos a los protagonistas del cortometraje: Carlos, Daniel y Julián, quienes intentan escapar del daño que le causan a su ciudad los personajes de “El Jefe” o “El Mero”, dependiendo de con quién escoja jugar el usuario, que puede descargar esta experiencia en su Smartphone o Tablet.
El juego cuenta con 10 niveles, cada uno recordando atentados perpetrados por los duros del Cartel de Medellín en diversas ciudades del país, y los personajes de “El Jefe” o “El Mero” hacen alegoría a los colosos mutantes que atacaban los paisajes de esos videojuegos ochenteros: Godzilla y King Kong. La maldad tomó diferentes caras en los 80’s y 90’s en el país y hoy lo continúa haciendo en el mundo entero.
Esquirlas de 8 Bits y Caos brindan una nueva mirada a lo que fue la caótica Colombia gobernada por la guerra entre los carteles de droga, y a la vez propone una reflexión sobre la violencia que hoy en día continúa siendo noticia mundial y que toma su forma más vil, cuando surgen víctimas directas en la población más vulnerable: la niñez.




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